De chica Disney a estrella mundial

En tiempos en los que la desinformación circula impune, los sueldos se estancan y llenar la nevera exige malabarismos, el pop sigue cumpliendo mejor que ningún otro género su papel como válvula de escape colectiva. A comienzos de 2009, el ‘Irish Independent’ acuñó el término ‘recession pop’ para referirse a esas canciones pegadizas que ofrecían un respiro en plena crisis económica. Lady Gaga, Katy Perry o Rihanna encarnaron entonces esa pulsión vitalista a base de estribillos irresistibles, neones y exceso. La historia se repitió en 2020, con la pandemia como telón de fondo, con Dua Lipa o The Weeknd abrazando los sintetizadores ochenteros. Y ahora, como si el ciclo volviera a empezar, otra generación ha irrumpido con la misma promesa de evasión. Ese es el caso de Sabrina Carpenter, una joven de 26 años que, pese a alzarse apenas 152 centímetros del suelo —la misma estatura que otra maestra del escapismo y la picardía lírico-musical: Kylie Minogue—, ya es un fenómeno de proporciones monstruosas.

Nacida en Quakertown, un pueblecito de Pensilvania, Sabrina Carpenter surgió, como tantas otras, de la cantera Disney. En 2011, con 10 años, participó en MileyWorld Superstar, un concurso de canto ‘online’ organizado por Miley Cyrus tras enterrar a su alter ego Hannah Montana. Quedó tercera, pero su carisma pronto llamó la atención del gigante del entretenimiento infantil, que en 2013 la fichó para prestar sus cuerdas vocales a la princesa Vivian en la serie animada ‘La Princesa Sofía’ —siguiendo los pasos de su tía Nancy Cartwright, la voz original de Bart Simpson en ‘Los Simpson’— y, un año después, le dio un papel en la serie ‘Riley y el mundo’, de Disney Channel. También firmó entonces con Hollywood Records, una de las filiales musicales de la casa de Mickey Mouse, con la que editó entre 2015 y 2019 cuatro álbumes de estudio que pasaron sin pena ni gloria por las listas de éxitos. En efecto, aunque muchos la consideren una recién llegada, acumula más de una década de carrera.

Como la mayoría de mortales, no tuvo un 2020 precisamente memorable: el 11 de marzo debutó en Broadway con una adaptación musical de ‘Chicas malas’, pero solo pudo actuar una noche, porque al día siguiente todos los teatros bajaron el telón por la pandemia. Y a principios de 2021, para colmo, tuvo que lidiar con una oleada de acoso virtual después de que Olivia Rodrigo la señalara en ‘Drivers License’ como la “rubia” que se interpuso en su relación con Joshua Bassett. Demasiadas piedras en el camino para alguien que, para el gran público, ni siquiera había empezado a andar.

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